sábado, 6 de mayo de 2017

Lo importante no es la experiencia, ni el entrenamiento ni la formación en sí mismas



… al igual que existen personas sin oído para la música u otras que no detectan adecuadamente sus emociones, existen sordos psicológicos “constitucionales” (personas con poca psychological mindness), que seguirán siéndolo”. José Guimón. Fue Catedrático de Psiquiatría de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU)


No todas las personas tienen la capacidad para entender, contener e imaginar lo que se juega en la mente de un niño cuando siente, piensa o se expresa.


Leía en el periódico que la presidenta del Consejo Escolar decía que en las próximas oposiciones para el profesorado nos jugamos hipotecar la enseñanza por 30 años. Y tiene razón, el tipo de mentes humanas que saquen su plaza para estar en un colegio gestionarán los destinos de miles de niños hasta que se jubilen.  

Me acuerdo que ya hace años en la comisión universitaria para el Impulso de la Innovación de la Docencia en los Centros de la Universidad del País Vasco (IBP) para el nuevo grado de Magisterio ya pedimos realizar algún tipo de entrevista o filtro para cursar la carrera de magisterio. Cosa que fue desestimada por amplia mayoría, pues provocaba emociones encontradas.

Quisiera despejar el camino de espejismos, pues la ciencia nos va diciendo que no es tan fácil como tener una alta nota en los estudios, tener mucha experiencia o realizar muchos cursos para estar con niños. 

Basta con leer al premio Nobel Daniel Kahneman que nos avisa de los sesgos y errores cognitivos que tienen los juicios de los expertos. Y también que una simple entrevista personal con los aspirantes a maestros no tendría más éxito que la selección por azar. Si nos tomamos las cosas con rigor, es necesario desarrollar un instrumento psicométrico con validez y fiabilidad para ayudarnos a encontrar a los estudiantes o trabajadores más válidos para estar con niños. 

Este razonamiento lo hacemos porque entendemos que la carrera de magisterio es especial y distinta a otras profesiones, pero extremadamente importante en su labor, ya que marcarán las mentes infantiles con su influencia. Así como por ejemplo, no dejamos que un policía porte una pistola sin pasar un psicotécnico o que los bomberos salgan a apagar incendios sin que pasen unas pruebas acordes con la tarea o buscamos en los controladores aéreos unas características determinadas para ejercer su trabajo con garantías, lo mismo pasa con el magisterio.

¿Por qué no valoramos más la importancia de cuidar y enseñar a los niños? Tener un aula con 25 niños pequeños es de una responsabilidad grandísima. Los niños de infantil no pueden defenderse de las actuaciones no apropiadas conductuales o emocionales de los adultos, aunque las reacciones de los maestros no sean intencionales.

Cosas que se suelen pedir para aumentar la calidad de la enseñanza y que son lo que yo llamo espejismos:

  • La formación: hay mucha gente que tiene un exceso de formación, hasta el doctorado en pedagogía, pero su talento para estudiar no tiene por qué coincidir con saber estar con niños en un aula.
  • La experiencia: una persona puede llevar muchos años trabajando con los niños y seguir haciéndolo mal. Tener muchos años trabajados no es la prueba de que se sea bueno con los niños.
  • El entrenamiento: hay personas que por mucho que se las entrene, no tienen vocación o tienen la vocación, pero no tienen las actitudes necesarias para estar con niños. El psiquiatra José Guimón decía tras 20 años de formar en la relación médico-paciente a los alumnos de medicina, que, aunque se podía mejorar de forma superficial en algunos aspectos de la entrevista médica y en algunos otros más profundos. No se mejoraba los aspectos más temperamentales de la persona, de ahí que estas personas estarían mejor lejos del trato con los enfermos. Así que tenemos que la carrera de medicina no tiene por qué hacerte un psiquiatra aceptable, o la carrera de psicología un buen psicólogo, y claro esta que la carrera de magisterio no tiene por qué convertirte en maestro.
En mi opinión, aunque la formación, la experiencia y el entrenamiento es valorable, hay algo más importante y que debemos pedir como primera condición a los que quieran dedicarse a la enseñanza de los niños de 0 a 6 años e incluso primaria. 

Necesitamos gente que percibe cómo y cuándo deben ser los cuidados infantiles. Estamos hablando de un tipo de mentes y no de un tipo de estudios. Ya vemos que ser maestro y además psicólogo, psiquiatra o doctor en pedagogía no tiene por qué darte la capacidad de atender bien a las personas o a los niños. 

Una labor para nuestras facultades de educación y psicología sería desarrollar una herramienta que detecte un perfil psicológico y actitudinal adecuado para ejercer de maestro infantil y de primaria. Lo mismo para los auxiliares y técnicos de educación infantil. 

El parámetro más importante que veo es lo que se llama mentalización o función reflexiva. Este es un concepto que viene de la psicoterapia, pero que sirve para entender lo que está en juego en la relación con los niños. Una buena capacidad de mentalización de los maestros y maestras es importante porque pasan a diario más de 6 horas compartiendo relación. Y hay estudios que relacionan la capacidad reflexiva de los cuidadores con el apego seguro.

La capacidad de mentalizar o función reflexiva, en el contexto escolar, sería un funcionamiento mental que permite comprender el comportamiento de los niños y el propio del maestro, sabiendo regular las emociones para establecer relaciones seguras y cálidas con niños y otros adultos. 

Un funcionamiento con una buena capacidad de mentalizar los estados mentales de los otros no la posee todo el mundo. Cuando esa capacidad nos permite imaginar, identificar y comprender acertadamente las necesidades y estados emocionales y él por qué actúan los niños como actúan, sin responder por reacción visceral o no contingente. 

A las personas con alto grado de mentalización o función reflexiva, su nivel atencional les permite observar y darse cuenta intuitivamente de lo que está en juego cuando un niño llora, pega, siente miedo o tiene dificultades. Esto va más allá de sentir empatía. Es toda una estructura psíquica meta-cognitiva que permite pensar, y saber cómo siente y lo que desea un niño o los padres sin perderse en las emociones propias o de los otros.  Los psicomotricistas tienen el concepto de “resonancias tónico emocionales recíprocas”, pero no es exactamente lo mismo.

Personas que tienen funcionamientos desequilibrados o con dificultad para identificar las emociones o que malinterpretan los estados psicológicos de los niños, etc. deberían ser detectados y ser valorados antes de entrar a magisterio e incluso durante el ejercicio de sus funciones profesionales. 

¿Por qué unas personas gritan como locos cuando se sienten estresadas y otras conservan la calma? ¿Por qué se siente impaciencia y se zarandea a un niño porque no para quieto en una fila para subir a clase? ¿Por qué unos maestros imponen cierto miedo para mantener el orden y otros lo consiguen de otra forma más amable? ¿Por qué unos profesores detectan rápidamente un acoso escolar y otros no perciben nada? 

Un niño pequeño no tiene todavía símbolos para sus procesos mentales y es el adulto el que ayuda al niño a construir su mente en base a lo que el maestro le refleja sobre sus emociones y el ejemplo que da con su auto-control emocional. 

En psicoterapia hay un creciente cuerpo de investigación que indica que las diferencias entre terapeutas eficaces y no eficaces no se explican por las diferencias en el nivel de experiencia, educación o entrenamiento. Que lo que hace eficaz a un terapeuta es una capacidad bien desarrollada de mentalizar. Por lo tanto, incluso las formaciones personales de los psicoterapeutas podrían no conseguir sus objetivos si no hay una estructura mental mentalizadora bien desarrollada. 

Si no puedes percibir tonos, sutiles gestos y movimientos, y entender bien al niño no lo puedes ayudar. Si no puedes monitorear la mente del niño y la tuya no vas a poder establecer un diálogo fluido, ni dejar los espacios y tiempos para que el niño se exprese o aprenda. Hay adultos que confunden a los niños o minimizan sus expresiones emocionales sin dar importancia a lo que se juega en el juego de los niños. 

Esta es una línea de investigación que se podría utilizar para llevarla al profesorado de infantil con las consecuentes adaptaciones. Más que cursos sobre inteligencia emocional o asignaturas de inteligencia emocional, es mejor tener a los maestros con las mejores capacidades, porque su simple estar y hacer provoca que los niños aprendan a autorregular sus emociones y a mentalizar estados que de otra forma no podrían hacer, porque en casa no tienen la suerte de tener padres mentalizadores o reflexivos o por cualquier otra vulnerabilidad. 

Yo sí creo que en educación infantil hay que seleccionar a los mejores, pero no necesariamente a los de mejor expediente académico.  Hay que empezar a investigar esto.

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